El conde, Antonio, Bruno y Grabriela

Cada vez que en casa hay alguna avería o problema menor, acabo teniendo visita del conde, Antonio, Bruno y Gabriela, los 4 a la vez.

El conde se llama Alessandro pero nadie le llama por su nombre sino que le llamamos “señor conde”. Debe rondar los 90 años y según él es amigo del papa y del rey de España.

Antonio es filipino y es el ayudante personal del conde, va con él a todos sus inmuebles y soluciona los problemas, contratos, papeleo, etc. También en su chófer. Habla perfectamente italiano.

Bruno y Gabriela son un matrimonio de entre 60-70 años que viven en el primer piso y serían lo que en inglés se llama house keeper, cuidador de la casa, en este caso de la finca. Bruno es como el personaje de UP, un viejito con pelo blanco, pero encantador, y su mujer, Gabriela, es la parte gruñona del personaje. Por las tardes, se asoman a la ventana y miran a la gente que pasa por la calle. Los de la foto no son ellos, la hice en Marino, pero podrían serlo.

Si pasa algo sin importancia viene Bruno y lo arregla. Si es algo más serio ellos llaman a Antonio, y cuando viene Antonio, viene siempre el conde.

Así, el otro día, por una falta de potencia eléctrica tuve en casa a Antonio y al conde, que siempre me da la mano y empieza a inspeccionar mis adornos en la pared. Esta vez me dijo “que fotos más bonitas, has visto Antonio?”. Mientras Antonio probaba a enchufar el secador y el ordenador a la vez y a los pocos segundos llegó Gabriela, que nunca se sabe su papel en la función pero ella si oye que están aquí, viene. Admira siempre mis plantas y le sigue sorprendiendo el calendario de post its porque como ella dice no lo entiende ya que las semanas tienen 7 días y yo tengo puestos los post it en 4 columnas. Antonio le dice que son cosas nuestras y ella dice que claro, que solo quería saber como funcionaba ese calendario, y yo se lo explico. Más tarde llega Bruno y le pregunta a Antonio si ha probado a encender varias cosas juntas y vuelven a probarlo. El conde y Gabriela cotillean. Yo estoy parada como un estaquirot mirandoles a todos como si fuese mi sesión de teatro privada. Una vez acuerdan el diagnostico se van todos, previo apretón de manos con el conde y sus saludos para mi marido.

Siempre me sorprende su llegada masiva y al principio me molesto, pero luego no puedo evitar estar sonriendo.

 

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