Libro “Adios, Shanghai”, A.Wagenstein. Hongkou, un capitulo poco conocido de los anales de la tragedia judia durante la segunda guerra mundial

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Hangkou, distrito de Shanghai: un capítulo poco conocido de los anales de la tragedia judía durante la segunda guerra mundial.
Este opus histórico se desarrolló en medio del alboroto de una nueva Babel, en la cual los barrios chinos superpoblados hasta la asfixia se habían entremezclado con las zonas lujosas de las regies, o sea “concesiones internacionales” de estatuto semicolonial: Los International Settlements, con sus hoteles y restaurantes de lujo, cuyo acceso estaba prohibido a los chinos, […] y tiendecitas chinas atiborradas de aderezos de pacotilla y estatuillas de oropel, marfil y ámbar. Pero también con pestilentes antros en los barrios de Nantao y Zhabei y las zonas marismeñas al otro lado del río, en Pudong, densamente pobladas, infestadas de ratas y enfermedades.
Despues de sufrir una primera invasión japonesa en 1932, quedar practicamente arrasada por la aviación de Japon en 1937, y estar ocupada desde hacía ya tiempo por los japoneses, la ciudad seguía revolcandose en el boato y la indolencia, […] pero también en la sórdida desesperación de las barriadas, con su desempleo y su miseria sin salida.
Solo durante el primer año de la ocupación, los servicios municipales de limpieza recogieron de las calles los cadaveres de treinta mil muertos de hambre o enfermedades. Y ello bajo la sombra del imponente palacio Broadway, de ventidos plantas, donde en una sola noche el representante diplomático de la Alemania nazi, el barón Ottomar von Dammbach, perdió en el poquer ochenta mil dolares shanghaianos ante sir Elias Esdras, sefardita de los llamados judíos “bagdadies”, que se habían establecido a lo largo de la Ruta de la Seda ya desde el siglo XI. Después de la Guerra del Opio y el tratado de Nanking de 1842, cuando los ingleses anexionaron Hong Kong y empezaron a construir el puerto de Shanghai junto al delta del Yangzi, los “bagdadies” conquistaron rapidamente importantes posiciones economicas en la región. Casi un siglo despues, sus bancos y oficinas de intermediación, financiaban y garantizaban suministros de estaño, caucho y quinina al Tercer Reich, que nunca rechazó el dinero judío cuando lo necesitó.
Los “bagdadies”, propietarios de la Shanghai Banking Corporation, del Yokohama Specie Bank o de la Sassoon House, tampoco tenían nada en contra de su correcto socio aleman mientras éste les garantizara pingües beneficios.

Shanghai, que es hoy una de las gigantescas puertas de la nueva China al mundo, fué durante la decada de los treinta y en los años de la segunda guerra mundial-[…]-un nudo de intereses económicos, políticos y militares, intrigas diplomáticas y ambiciones personales. Un lugar de encuentro del mundo del hampa, en el que se mezclaban aventureros internacionales, espías y especuladores, hombres desarraigados y perseguidos, con aficionados a las sensaciones fuertes o al dinero fácil. Los chinos, los verdaderos dueños de esta tierra de dilatada historia, estaban ocupados: unos en la brega por conseguir una escudilla de arroz, y otros, colaboracionistas y marionetas del ocupante japones, complicados en sofisticadas manipulaciones para conservar y multiplicar lo que habían saqueado a su propio pueblo. Y todo ello sobre el telon de fondo del estruendo[…] de una inacabable y sangrienta guerra civil en varios frentes entre la Pro japonesa República china dirgida por el títere Wang Chingwei, las divsiones nacionalistas de Chang Kai-shek y el ejercito popular de Liberación comunista de Mao Tsedong.

Shanghai: lugar de esplendor y miseria, de la extrema humillación de los culis descalzos con sus rickshaws y de jovencísimas prostitutas de cuerpo menudo con sus marineros borrachos; ciudad en que la ternura oriental de porcelana se codea con la brutalidad castrense, ciudad de opio y de la degradación humana. Pero también una ultima orilla salvadora, símbolo de la esperanza encarnizada de sobrevivir. Porque durante los años en que las grandes democracias miraban con indiferencia los preparativos del genocidio tramado por Hitler, Shanghai, con su estatuto limitado de ciudad abierta, fué el único lugar del mundo que acogió y dió asilo y una salvación extremadamente cara a unos mil judíos alemanes y austriacos, intelectuales en su mayoria, y a otros tres mil ochocientos judíos de otros paises ocupados, que lograron llegar hasta allí antes de que los crematorios oscurecieran el cielo de Europa con espeso humo.
Hongkou es el nombre del barrio que fué convertido en su gueto.
Shanghai es el nombre de la ciudad de su condena, pero también de su liberación.

Angel Wagenstein, “Adios, Shanghai”. 2004
Editorial libros del Asteroide. Traducción de Vanceslav Nikolov.
pag 9-12 (formato eBook)

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